O eso dicen. Al final, soy una excusa para que la gente vuelva a jugar junta.
No vengo tanto a «animar» una fiesta.
Vengo a crear un espacio donde pequeños y mayores
puedan encontrarse sin prisas.
Fue casi sin darme cuenta. Siempre he sido muy inquieto y me ha gustado construir cosas, observar cómo jugaban los niños, recuperar juegos que parecían haber desaparecido.
Viajando por Francia descubrí que en plazas, ferias y fiestas populares se encontraban juegos de madera, espacios compartidos, actividades sencillas pero llenas de vida.
Un día llevé cuatro juegos de madera a una fiesta pequeña. Vi abuelos jugando con nietos, padres haciendo cola y criaturas inventándose nuevas reglas. Allí entendí que había algo muy vivo.
«Jugar es una manera de encontrarnos.»— Tomeu Festa
Un abuelo se emocionó porque reencontró un juego que hacía cincuenta años que no veía. Empezó explicando a los nietos cómo se jugaba y, al final, todo el puesto escuchaba sus historias.
Yo allí casi sobraba. Y eso es precioso.
Cuando un niño tímido acaba participando. Cuando dos personas que no se conocen se ponen a reír jugando juntas. O cuando alguien te dice, casi sin querer:
«A este juego jugaba mi abuelo.»
Todo esto es oro. Las fiestas pasan muy deprisa, pero estos instantes perduran.
Jugar no es solo competir. También es ayudar, observar, perder sin enfadarse y celebrar a los demás.
Los niños convierten cualquier cosa en juego. Esa mirada es la que intento preservar y compartir.
Recuperar el juego tradicional es recuperar una manera más humana de estar juntos.
Como una banda de música, un espacio de juego funciona cuando todos encuentran su sitio.
Soy músico y canto en bandas. Una banda y un juego funcionan cuando todos encuentran su sitio.
He hecho teatro con varias compañías. Una fiesta también tiene mucho de escena compartida.
Doy clases en la universidad, escribo sobre educación y comunidad, y trabajo como trabajador social. Un trabajo que no se acaba nunca.
Tengo debilidad por los objetos con marcas de uso. Me gusta perderme en fiestas populares.
Las cosas sencillas, cuando se comparten, se hacen grandes.
Me gusta que la gente sienta que entra en una plaza de antes. Un lugar amable, tranquilo pero vivo.
De esos que todavía piensan que una buena conversación y un juego compartido pueden arreglar muchas cosas.
Si una criatura llega a casa con ganas de inventarse un juego nuevo, o si una familia ha compartido un buen rato sin pantallas ni prisas, yo ya me doy por satisfecho.
Cuéntanos tu idea y te proponemos la mejor experiencia, sin compromiso.
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